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······································································· Roulotte:05
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······································································· Walls / Shelters / Holes. Miki Kratsman
······································································· Street Exhibitions. Activestills
······································································· Real Estate. Domènec
······································································· 48_Nakba. Domènec / Sàgar Malé / Mapasonor
······································································· In the Absence of a Currency. Shuruq Harb
······································································· Decolonizing Architecture. Sandi Hilal / Alessandro Petti / Eyal Weizman
······································································· Zion. Kertesz / Maor
······································································· Baggage Roulotte: 05. Jan Tichy
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Descolonizando la arquitectura

La futura arqueología de la colonización israelí. Sandi Hilal, Alessandro Petti, Eyal Weizman

Sea cuál sea la dirección que tome el conflicto palestino, hay que tener en cuenta la posibilidad de una evacuación parcial, o total, de las colonias y bases militares israelíes.

Las zonas de Palestina que han sido o serán liberadas de la presencia directa israelí son un excelente campo de pruebas para el estudio de las posibilidades de reutilización, re-habitación o reciclaje de las arquitecturas de la ocupación cuando dejan de estar conectadas a la fuente militar o política que las alimenta.

Nuestro proyecto se sirve de la arquitectura para articular la dimensión espacial de un proceso de descolonización1.

Éste se enmarca en una situación que dista mucho de ser la ideal y que no busca la utopía de su satisfacción total. El proyecto, que parte de la no-resolución del conflicto y del cumplimiento de las demandas palestinas, no se presenta, ni debería ser visto, como una solución, sino como una herramienta táctica para movilizar la arquitectura en el marco de la lucha por Palestina. Su objetivo es realizar intervenciones tácticas que dibujen un horizonte posible de cambios para el futuro.

Partiendo de la constatación que las colonias y bases militares israelíes encarnan uno de los instrumentos más atroces de dominación, el proyecto presenta varias vías posibles, no sólo desde el lenguaje profesional de la arquitectura y la planificación, sino también con la incorporación de un “espacio de especulación” que aporte perspectivas culturales y políticas diferentes, mediante la participación de una gran diversidad de personas y organizaciones.

Entre la anarquía, el gobierno y el autogobierno

La cuestión del uso de la futura arqueología de la ocupación, similar a las planteadas por otros procesos de descolonización de la historia, se emplaza en el espectro conceptual que existe entre dos deseos políticos contradictorios y complementarios, el deseo de anarquía y el de gobierno.

El impulso popular de destrucción articula de forma espacial la ‘liberación’ de una arquitectura que se percibe como un corsé político, un instrumento de dominación y control. La arquitectura como herramienta de décadas de crimen prolongado, como arma del arsenal militar y de seguridad que reproduce las relaciones de poder de una ideología racista debe de ser destruida.

El impulso de destrucción busca volver atrás en el tiempo, invertir el desarrollo hacia un estado de naturaleza virgen, de tabula rasa, en el cual se puedan articular un conjunto de nuevos comienzos.

Pero lejos de la ruralización romántica de las zonas desarrolladas, en las que, por así decirlo, ya no queda tierra bajo el pavimento, la destrucción genera desolación y daños medioambientales que pueden durar décadas.

En 2005, Israel evacuó los asentamientos de Gaza destruyendo unas 3.000 viviendas. El resultado no fue la prometida tabula rasa que iba a permitir un nuevo comienzo, sino un millón y medio de toneladas de escombros que contaminaron el suelo y los acuíferos. Además, el proceso de descontaminación se encontró con grandes dificultades debido al cierre total de la Franja de Gaza, la nueva forma de ocupación que ejerce Israel.

La primera reacción de un gobierno es imponer el orden político y un nuevo sistema de control, así que no es de extrañar que muchos gobiernos poscoloniales reutilicen la infraestructura erigida por el régimen colonial para sustentar sus primeras necesidades administrativas prácticas. A menudo las infraestructuras y las construcciones evacuadas son vistas como un legado de ‘modernización’ y como un recurso económico y organizativo. En varios casos de la historia de las descolonizaciones se observa la tentación de reocupar los edificios y la infraestructura coloniales y reutilizarlos de modo similar a la de los regímenes precedentes. En estos casos, el espacio suele reproducir las relaciones de poder coloniales: la élite económica se instala en las mansiones y la política ocupa los palacios. El nuevo gobierno reutiliza las instalaciones militares, policiales y las cárceles de los ejércitos coloniales, recreando jerarquías espaciales similares.

En la actualidad, Palestina reutiliza las estructuras abandonadas de la dominación israelí como lo hicieran los ocupantes. Los asentamientos se han convertido en suburbios palestinos y las bases militares desempeñan labores de seguridad. Estas estructuras presentan el peligro de convertirse en una recreación de la alienación y la violencia inherentes al sistema de los asentamientos. Su estructura vallada y dotada de modernas tecnologías de vigilancia permitiría transformarlas, sin apenas modificarlas, en comunidades cerradas para la élite palestina. Asimismo, la utilización de las zonas residenciales y militares israelíes también puede favorecer el sentimiento de continuidad frente a la perspectiva de ruptura y cambio.

En este sentido, la Muqata de Ramala, actual sede de la presidencia palestina, constituye un ejemplo interesante. Construida por el ejército británico para ayudar a  poner fin a la Revuelta Árabe de 1936-39, conocida también como la primera Intifada, la Muqata ejerció de base militar y prisión del ejército jordano entre 1948 y 1967 y del israelí a partir de entonces, hasta que el proceso de Oslo ordenó su evacuación, tras lo que se convirtió en cuartel general de Arafat. Se cerró el acceso al complejo, se instaló vigilancia continua y algunas celdas volvieron a ser escenario de encarcelamiento y torturas, hasta que a la muerte de Arafat el lugar se convirtió en lugar de peregrinaje.

No obstante, no siempre la arquitectura colonial desocupada reproduce necesariamente las funciones para las que se concibió. Existen otros ejemplos de utilización que, de forma planeada o espontánea, invaden dicha arquitectura, subvirtiendo sus programas y liberando su potencial. Incluso las estructuras de dominación más abominables pueden transformarse en nuevas formas de vida.

En vista de la enorme actividad constructora de Israel en Palestina y de la falta de viviendas que padece la zona, se hace imprescindible la aplicación y la coexistencia simultáneas de tres planteamientos: la destrucción, la reutilización o la subversión de los asentamientos. A través del “uso y el mal uso” de estas zonas se abren nuevas perspectivas y posibilidades para la colectividad.

Dado que la reutilización de la arquitectura colonial es un tema general de carácter cultural y político, nuestra intención no es presentar una única solución arquitectónica, sino más bien “fragmentos de posibilidades”.

El punto de partida de nuestra investigación, que cree en el potencial de las fuerzas ya existentes para moldear la realidad, es la estrategia de subversión,  la que entraña una mayor complejidad. Ésta especula con el uso de las arquitecturas coloniales para fines diferentes a los de su propósito inicial. El proyecto pretende llevar al espacio un conjunto de posibles funciones colectivas para las estructuras militares abandonadas y las viviendas de colonos evacuadas2.

¿Qué tipo de instituciones y actividades podrían dar forma al espacio evacuado y qué tipo de transformaciones habría que llevar a cabo?

El principio que rige la iniciativa no es eliminar la fuerza de los espacios construidos por la ocupación, sino reorientar su potencial destructivo hacia otros fines. Creemos que la liberación de la geografía de la ocupación pasa por volver su potencial contra sí misma.

Destrucción

El instante en que se accede a las colonias y las bases militares puede suponer un momento de trasgresión de consecuencias impredecibles. En la Franja de Gaza los israelíes demolieron gran parte de sus edificios y después los palestinos echaron por tierra casi todo lo que había quedado intacto. A la mañana siguiente de partir los soldados, los palestinos destruyeron el lugar y se llevaron todo aquello que podían usar y transportar, en un movimiento arquitectónico espontáneo de reapropiación que, a nuestro parecer, no debería ser evitado ni controlado.

Sólo tras este primer momento de encuentro, cuyo resultado es poco claro, y con los escombros que queden, se puede emprender la construcción arquitectónica.

Este primer momento de entrada pone en tela de juicio la concepción de la arquitectura y la planificación urbanas, ya que una precondición aceptable para dicha planificación es un marco de certidumbre espacial y política, es decir, una demarcación clara del lugar, un calendario, un cliente y un presupuesto. La naturaleza errática del control israelí y su imprevisible evolución política y militar sobre el terreno dibujan en Palestina un paisaje de enorme incertidumbre y falta de definición,  muy poco atractivo para cualquier planificación de tipo profesional.

Manual de descolonización

Nuestro proyecto no presenta una propuesta única para el conjunto de Palestina, un espacio políticamente indefinido, sino que ofrece “fragmentos de posibilidades”, transformaciones detalladas a escala arquitectónica. Dado que hay un número limitado de tipos de asentamientos, que varían entre las colonias de viviendas unifamiliares y las bases militares de barracones prefabricados, tales “fragmentos de posibilidad” constituyen una opción semi-genérica que podría modificarse y aplicarse en otras zonas evacuadas.

Las instrucciones, descripciones, diagramas e ilustraciones se reúnen en un manual dirigido tanto a profesionales como instituciones públicas y ciudadanos que necesiten saber qué hacer con los restos de arquitectura colonial. El manual determinará la flexibilidad de las estructuras evacuadas para adaptarse a nuevos usos, recogiendo varios ejemplos posibles de adaptación y transformación.

La producción del manual se basa en varias reuniones con las partes implicadas en el proceso, entre las que se cuentan representantes de diversas organizaciones, la comunidad local, miembros de ONGs, órganos de gobierno y de los municipios, instituciones académicas y culturales, y habitantes y las asociaciones en que se agrupan. La participación real de todos ellos es crucial, ya que es lo único que puede garantizar la aplicación de las acciones descritas en el manual.

La sonrisa

La reacción inicial de nuestros interlocutores ante la presentación y discusión de nuestros planos y maquetas siempre fue la sonrisa. Al principio, temíamos ser objeto de burla. ¿Quizás es que eran ridículamente ambiciosos en este contexto de imposibilidad permanente? También es cierto que las maquetas son pequeños mundos ‘bajo control’ que suelen hacer sonreír a las personas, un gesto que puede significar el primer instante de descolonización. Aunque sea extraño imaginar la transformación de los asentamientos israelíes, nos gustaría interpretar esa sonrisa como una reacción estética, el momento de abrir la imaginación a un futuro diferente en el que los participantes estarían implicados. Asimismo, éste sería también el primer instante en que los palestinos ejercerían su derecho a planificar su futuro y recuperar su autoridad. La participación no busca la contemplación, sino que necesita de una actitud activa, creatividad e imaginación.

Para ilustrar dos prototipos de descolonización se eligieron los siguientes proyectos, en sus respectivos emplazamientos: la colonia de Psagot, todavía habitada, y la antigua base militar de Oush Grab, evacuada en 2006.

***

Caso norte: La colonia de Psagot / Jabel Tawil / región de Ramala

Emplazada en la montaña de Jabel Tawil, a 900 m por encima del nivel del mar, la colonia domina visualmente todo el territorio palestino. Hasta su ocupación, éste era un espacio de recreo al aire libre. Las montañas de Jerusalén y Ramala eran muy populares entre las familias del golfo, especialmente entre los kuwaitíes, que acudían allí escapando del calor estival, por lo que los habitantes de Ramala todavía la llaman “la montaña kuwaití”. En 1964, el municipio de Al Quds (Jerusalén) compró el terreno y elaboró un plan de desarrollo para convertirlo en un emplazamiento turístico. En 1967 se inició la construcción de una carretera de acceso, que fue interrumpida por la ocupación israelí. En julio de 1981 se inauguró la colonia de Psagot, una iniciativa del Likud como ‘compensación’ a los israelíes de derechas por la evacuación de la península del Sinaí. El primer lugar donde se instalaron los colonos fue la  zona destinada a los alojamientos turísticos. Las primeras casas erigidas en Jabel Tawil eran estructuras prefabricadas transportadas desde Yamit, un asentamiento al norte del Sinaí. En la actualidad, Psagot es una colonia religiosa habitada por unas 1.700 personas, en su mayoría judíos americanos y, desde hace unos años, una minoría de inmigrantes franceses y rusos.

Caso sur: Antigua base militar de Oush Grab (el Nido del Cuervo)

En mayo de 2006, el ejército israelí evacuó un campo militar situado estratégicamente en la montaña más elevada al sur de la ciudad palestina de Beit Sahour, en la región de Belén, una fortaleza amenazadora emplazada junto a la ciudad. La mayor parte de casas que la rodeaban fueron destruidas por los proyectiles de los tanques y los disparos realizados desde la base. Durante la noche los cañones de luz y las luces intermitentes escudriñaban la zona circundante, convirtiendo la base en un “día sin noche”. Incluso la evacuación fue una operación violenta; docenas de tanques entraron en el pueblo durante la noche y la base amaneció vacía. Al poco rato los palestinos entraron y se llevaron cualquier cosa o material que pudieran reciclar.

La historia militar de esta montaña no se limita a la ocupación. El ejército del Mandato Británico erigió en ella una base militar durante la Revuelta Árabe, que algunos consideran la primera Intifada. Tras 1948 se convirtió en base militar de la Legión jordana y desde 1967 fue israelí.

Aunque se podría imaginar al ejército revolucionario palestino en esta base, sus tácticas militares son más sigilosas y discretas y no necesitan emplazamientos en sitios elevados, como en las guerras del pasado.

Durante la época del proceso de Oslo, el municipio de Beit Sahour y el gobierno central de Arafat firmaron un acuerdo que, en caso de evacuación israelí, garantizaba que la base no sería utilizada por la policía palestina y que se entregaría al municipio para su gestión. Al recuperar el control del espacio, éste planificó diversos servicios públicos, una zona residencial con hospital y un parque recreativo. En las laderas de la montaña ya se han construido un parque infantil, un restaurante y un jardín al aire libre para la celebración de actos diversos.

Pese a estar evacuada, la cima de la montaña, cuya posición estratégica permite divisar toda la zona, permanece controlada, de forma remota, por el ejército israelí, que no permite que la mirada palestina se instale en ella.

Ocupaciones ‘intermitentes’

Desde su evacuación, la cima y los edificios que alberga estuvieron en el centro de una confrontación política entre colonos judíos, el ejército israelí y las organizaciones palestinas, en la que nuestra oficina se vio directamente implicada. En mayo de 2008 un grupo de colonos intentó instalar la avanzada de un nuevo asentamiento en los edificios vacíos de la base militar, como protesta ante la visita de Bush y anticipándose a algunas ‘concesiones del gobierno’. A su parecer, la ubicación topográfica de los edificios de la cumbre, todavía fortificados, habría facilitado su estilo de vida, de extrema organización y seguridad. Aunque el ejército declaró el lugar “zona militar de acceso cerrado”, los colonos regresan casi cada semana a ocupar el espacio, celebran pícnics, organizan visitas al patrimonio cultural y clases de Torá e izan la bandera israelí.

Los soldados israelíes se despliegan para ‘proteger’ a los colonos mientras los palestinos y los activistas internacionales, entre los que se cuentan miembros de nuestra oficina, también toman el lugar y se enfrentan a los ocupantes. Cada una de las partes pinta una serie de graffittis, borrados después por el contrincante, que dan fe de esta ocupación ‘intermitente’. Nuestra propuesta de reutilización del emplazamiento entra a formar parte de esta polémica lucha política por la cima de la montaña.

UNGROUNDING (DESMANTELAR EL SUELO): Urbanismo en los primeros 10 centímetros

Observada como geografía judía de los territorios ocupados, los asentamientos son espacios suburbanos compuestos por comunidades dormitorio conectadas entre sí por una red de carreteras y otras infraestructuras en expansión. No obstante, puestas en relación con las ciudades palestinas junto a las que se erigieron, pueden entenderse como espacios potencialmente urbanos.

La superficie de estos suburbios responde a sus diversos usos y muestra clarísimos signos del estilo de vida pequeño burgués que los mantiene: muchas carreteras y zonas de aparcamiento, jardines privados, aceras y plantas tropicales. El diseño de las calles de estos suburbios o asentamientos sigue una estructura linear cerrada sobre sí misma con carreteras y aceras que se cruzan entre sí.

La división en zonas para vehículos, para peatones o zonas sin acceso, controla los cauces de movimiento y marca varios grados de espacio público y privado. La mayor parte de su lógica operacional e ideología se decide en los primeros 10 cm. de superficie del suelo.

Dicha superficie es la primera parada de nuestra intervención, que buscará desactivar su lógica para desmantelar las estructuras que definen la organización interna del suburbio, que se convertirá en un conjunto de funciones públicas y comunitarias.

Bajo el nombre de “ungrounding”, algo así como ‘desmantelar el suelo’, el manual sugiere una transformación radical de los primeros 10 cm. de suelo, desmontando la superficie existente de carreteras, aceras y jardines privados y sustituyéndola por una nueva.

Los métodos de transformación se basan en el deterioro de los elementos que pueblan dicha superficie. El omnipresente sistema de carreteras concéntricas y zonas de aparcamiento se desgastará, se eliminará o se enterrará bajo una nueva superficie y, al recuperar y colectivizar el suelo, las vallas y cercas que marcan las parcelas de las viviendas unifamiliares se eliminarán. Las estructuras construidas se suspenderán como pabellones sobre un suelo único, nuevo y unificado.

La reconstrucción de la superficie es la parte central de una estrategia que pretende reconfigurar un nuevo tipo de relaciones entre los objetos y el suelo. Se repensarán las posibles conexiones entre edificios, que podrían realizarse a través de un espacio ajeno a los patrones lineares de las carreteras y las aceras.

UNHOMING (DESTRUIR LA POSIBILIDAD DE HABITAR UN LUGAR): Diseñar a través de la destrucción

¿Es posible controlar el deterioro material y convertirlo en el proceso de construcción de un lugar? ¿Cómo convertir la destrucción en un sistema de diseño que origine nuevos usos?

En el caso del “ungrounding” queda claro que la destrucción de la superficie, extirpando de raíz y acelerando el desgaste de los elementos que la componen, daría lugar a un suelo del que podría surgir una nueva vida.

En la base de Oush Grab hemos aplicado los primeros pasos de nuestras propuestas arquitectónicas basadas en formas de destrucción. En este caso, dada la situación de ‘ocupación intermitente’ y el peligro constante de una nueva apropiación por parte de los colonos, hay que hacer que los edificios resulten menos habitables antes de tener en cuenta cualquier otra nueva función.

En una primera fase, proponemos perforar las paredes de los edificios de la base militar, convirtiendo los muros agujereados en meros paneles de separación.

Otro tipo de intervención es la transformación del paisaje. El terraplén que rodea los edificios ha sido constantemente modificado, ya que los contratistas palestinos lo usaban como vertedero de escombros y otros directamente extraían tierra para utilizarla como material de construcción. Con nuestra intervención pretendemos utilizar la naturaleza cambiante de este terraplén para reorganizar la relación entre los edificios y el paisaje, enterrando parcialmente los edificios con los escombros de su propia fortificación.

Las viviendas unifamiliares con parcela constituyen la forma molecular de la ocupación. Si investigamos cómo modificar esta estructura repetitiva semi-genérica podremos encontrar vías de transformación de la geografía de la ocupación en su conjunto. ¿Dónde están los límites de lo transformable?

¿Es posible que una vivienda unifamiliar se convierta en el núcleo de un nuevo tipo de instituciones públicas?¿Qué partes estructurales hay que mantener y cómo se podría conectar a otros grupos de viviendas?

¿Cómo convertir un pequeño grupo de casas unifamiliares en zonas de espacios comunes que alberguen funciones mayores como residencias y clases, laboratorios para la investigación, clínicas y oficinas?

Visión ‘bidireccional’

El “unhoming” no es sólo un tema de transformación técnica. A lo largo del proyecto surgía constantemente la cuestión de cómo habitar el hogar del enemigo. De todas las culturas que han vivido en Palestina a lo largo de las décadas, casi ninguna ha sido la ‘original’ o la ‘primera’ en ocupar un espacio, sino que todas suceden a otra. Esta tierra se habita siempre en función a un enemigo actual o a una civilización antigua, real o imaginada, algo que convierte el hecho de habitar las ciudades, los lugares arqueológicos, los campos de batalla y los pueblos destruidos en actos de “co-“ o de “trans-habitación” de gran complejidad cultural.

A nuestro parecer, cualquier acto de colonización debe contar con intervenciones en el plano visual. Los asentamientos se organizan como instrumentos ópticos de escala suburbana, como se puede observar en el trazado de las calles, en círculos concéntricos alrededor de la cima, en la colocación de las casas, el espacio entre ellas y la distribución de ventanas y habitaciones, que busca maximizar el impacto visual con fines nacional-estéticos y nacional-estratégicos. Las vistas pastoriles desde las ventanas de la vivienda refuerzan el sentimiento de pertenencia a una nación y los elementos de la cotidianeidad palestina, como los olivos, las terrazas de piedra y el ganado, se interpretan como parte de un antiguo paisaje sagrado. La paradoja visual es que los signos de la vida que conforma este paisaje son los elementos de la cotidianeidad palestina, del pueblo que los colonos quieren hacer desaparecer.

La visión es también nacional-estratégica, ya que domina sobre carreteras tácticas, ciudades y campos de refugiados palestinos. Los asentamientos hacen que los palestinos tengan el sentimiento constante de ser vistos, ya que desde las ciudades es prácticamente imposible no tener uno a la vista y éstas casi siempre están en su campo de visión.

La distribución de la vivienda se organiza en función a las vistas y la puerta principal se ubica en la cara interior del asentamiento. Al entrar en una casa, uno se dirige hacia los espacios habitados y la ventana principal con vistas al paisaje. ¿Qué pasaría si las personas que ocuparan las casas fueran los que ahora ‘forman parte del paisaje‘, si el nuevo inquilino entrara en la casa desde el lado de las vistas?

Nuestra respuesta consiste en una intervención a pequeña escala, proponiendo cambiar la puerta de entrada para que no se abra al interior del asentamiento sino a las ciudades palestinas. Modificando la dirección de acceso a la vivienda se altera también la sintaxis espacial del interior. Esta intervención a pequeña escala es cinemática, ya que se enmarca en el terreno de las condiciones de visión y en la dirección de la mirada, reorganizando el campo de lo visible con una perspectiva que se repliega hacia sí misma.

‘Desparcelización’

A lo largo de nuestro análisis recurrimos a fuentes documentales y narrativas para identificar a algunos de los propietarios de las tierras de las colonias.

Jabel Tawil / Psagot se emplaza en el centro gravitacional de varias órbitas de extraterritorialidad: comunidades de desplazados, individuos, migraciones y relaciones familiares. Nuestra investigación siguió el rastro de los terratenientes hasta EE UU, Australia, Kuwait, Arabia Saudita, Irak y, por supuesto, en Palestina, donde están a pocos metros de sus tierras, separados por unas vallas. Su historia privada y familiar se entrecruza con la historia de Palestina y sus desplazados, obligados por las ocupaciones a marcharse, en busca de oportunidades económicas y profesionales en el extranjero.

Casi la mitad de la zona ocupada de la colonia de Psagot pertenece a propietarios privados y la otra mitad está registrada como tierras de propiedad colectiva de diferentes tipos.3

El destino de las tierras privadas debería estar en manos de sus propietarios, así que nosotros proponemos diversos usos públicos para las tierras de propiedad colectiva.

Hemos descubierto un mapa de 1954 que muestra la parcelación original de Jabel Tawil y lo hemos superpuesto al mapa de la colonia. Las líneas de demarcación palestinas trazan caminos arbitrarios a través de tejido suburbano de la colonia, a veces incluso a través de las propias estructuras, estableciendo nuevas relaciones entre las viviendas y las parcelas que ocupan, entre espacios exteriores e interiores y entre espacios públicos y privados. El archipiélago de parcelas públicas resultante es la base de nuestras propuestas.

Lo público, lo comunal y lo no gubernamental

La gestión de los espacios e instituciones públicas suele estar en manos del estado y/o las autoridades locales y, por lo tanto, constituye una importante herramienta de gobierno. En Palestina, la larga ausencia de estado a causa del colonialismo ha modificado el espacio y la función pública en general.

Hasta principios de los años 90, las ciudades palestinas dependían directamente del ejército israelí, quien a través de su “administración civil” controlaba los permisos de planificación y desarrollo y, por tanto, las actividades principales de los municipios. A lo largo de ese período, éstos se convirtieron en ciudades dormitorio con apenas espacios públicos e incluso se inhibió el crecimiento de las instituciones públicas. Se vigilaban de cerca, o incluso se cerraban, los clubs privados, los cines, las escuelas y las universidades y cualquier asociación de más de tres personas estaba obligada a tener un permiso. Las dificultades para crear y mantener instituciones públicas continuaron incluso tras los acuerdos de Oslo de 1993. Una de las causas principales de tales impedimentos era que las fronteras que separaban las zonas “autónomas” palestinas se trazaron en los contornos mismos de las ciudades, de modo que quedaba poco terreno para posibles nuevas edificaciones.

Debido a la distribución de las tierras, en las ciudades palestinas había muy pocos terrenos públicos y los municipios apenas tenían acceso a ellos. La mayor parte de espacios al aire libre e instituciones nuevas se crearon gracias a la intervención de organizaciones internacionales y ONG.

Es importante explicar el papel de las ONG dentro de la sociedad palestina. La Intifada de 1987-1992 reforzó enormemente la sociedad civil y, en ese contexto, los líderes locales organizaron la resistencia y diversos servicios alternativos de escolarización y salud que el ejército israelí había interrumpido. Con el establecimiento de la Autoridad Palestina en 1993, estos dos sistemas de gobierno chocaron de frente.  La Autoridad Palestina, dirigida por líderes traídos del extranjero, intentó centralizar y regular la red de instituciones de autogobierno creadas durante la Intifada.

Dicha red se convirtió en el marco infraestructural de las actuales estructuras de las ONG en Palestina. Los líderes locales de la primera Intifada prefirieron dirigir las ONG a convertirse en ‘funcionarios’ de la Autoridad. Así, la mayor parte de antiguos líderes del Frente Popular, el partido de izquierdas, son en la actualidad dirigentes de las ONG como, por ejemplo, Mustafa Barghouthi, quien trabaja en una red de servicios sanitarios.

Cisjordania tiene desde entonces un gobierno compartido entre la Autoridad Palestina y varias ONG locales e internacionales, bajo el control de la soberanía israelí.  En muchos casos, las “ONGcracias”, como vino a llamarse a este fenómeno, contaban con mejores servicios sanitarios, de educación y planificación y mayores recursos económicos que la Autoridad Palestina, un órgano que apenas era un gobierno en lo que apenas era un estado.

Naturalmente, la ONGcracia entraña ciertos peligros. Muchas de estas organizaciones reciben financiación internacional (igual que la Autoridad Palestina) de donantes que no viven en Palestina y, por lo tanto, persiguen agendas culturales y políticas vinculadas a sus países de origen. Así, la filantropía se ha convertido en uno de los mejores vehículos de los países occidentales para intervenir en la política y la cultura palestinas.

Siendo conscientes de sus riesgos, la red de las ONG nos brinda una excelente ayuda para desarrollar nuevos tipos de espacios públicos, sociales y comunitarios palestinos. Algunas de estas organizaciones serán las primeras en ocupar las zonas evacuadas y transformadas.

Hemos iniciado una serie de reuniones con ONG locales como Palestine Wildlife Society, Women Shelter, Save the Children, Alternative Tourism Group y Alternative Information Centre, entre otras, y hemos trabajado conjuntamente en los planteamientos de diseño de lugares concretos dentro de las colonias y bases militares.

Asimismo, nos hemos percatado de que los archivos de estas organizaciones constituyen los ‘archivos vivos’ de Palestina. La unificación o el acceso a todas estas fuentes proporcionaría información sobre medio ambiente, prestaciones sociales, derechos humanos y política en toda Palestina y constituiría una alternativa a los centros de información estatales más amplia y abordada desde perspectivas diferentes.

***

Durante el desarrollo de nuestra labor nos hemos dado cuenta de que el proyecto podría convertirse en un laboratorio de acciones arquitectónicas cuyo alcance superaría la especificidad local de nuestro entorno inmediato para convertirse en el principio de un nuevo modelo para pensar el futuro de los asentamientos suburbanos, incluso en otras partes del mundo donde estos modelos se hallan en seria crisis. La destrucción ritual, reutilización, redivivus, o détournement de la vivienda unifamiliar puede sugerir un repertorio de acciones de transformación mayores en otros tipos de espacios suburbanos.

1. Sugerimos revisitar el término “descolonización” para establecer cierta distancia con los actuales términos políticos que se refieren a una “solución” al conflicto palestino y sus fronteras. Las soluciones propuestas, consistentes en uno, dos y ahora tres estados, parecen atrapadas en perspectivas igualmente impuestas desde el exterior del conflicto, igual de autoreferenciales en su lógica. La descolonización implica desmantelar la estructura dominante existente (económica, militar y legal) ideada para beneficiar a un único grupo nacional y étnico, al tiempo que implica comprometerse también en una lucha en pro de la justicia y la igualdad. La descolonización no acarrea necesariamente el desplazamiento de pueblos. Por ejemplo, bajo el concepto de la descolonización, las comunidades de judíos podrían trasladarse a vivir en zonas de Palestina.

2. Aunque nuestras propuestas se centran en el tercer enfoque de los planteados anteriormente, en algunos casos tenemos en cuenta la posibilidad de utilizar las otras dos opciones de forma simultánea. Por ejemplo, en el caso de la demolición, que sería necesaria cuando las colonias o los campos militares están ubicados en parajes especialmente valiosos, o en el caso de la reutilización como viviendas, en las zonas donde existe una falta acuciante de casas y las tierras son de propiedad privada palestina. En estos casos, tan sólo los propietarios pueden decidir sobre la futura reutilización de las estructuras.

3. Las diferentes categorías de propiedad colectiva se eliminaron con el régimen impuesto por los ocupantes, quienes consideraron que todas la tierras eran “públicas” y, por lo tanto, propiedad de quien estuviera al poder, en este caso, Israel, que las utilizó para albergar la mayoría de sus asentamientos.

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Este artículo es una reflexión sobre el proyecto Decolonizing Architecture (Descolonizando la arquitectura) dirigido por Hilal, Petti y Weizman que atañe a la posible transformación futura de las colonias y bases militares israelíes. El proyecto está patrocinado y producido por Eloisa Haudenschild y Steve Fagin, socios de Spare Parts, una división de haudenschildGarage.

El proyecto se mostró en el BOZAR Palace de Bruselas del 30 de octubre de 2007 al 4 de enero de 2008, comisariado por Lieven De Cauter, con coordinación de Iwan Strauven. Los arquitectos que participaron son: Senan AbdelKader, Nasser Abourahme, Nora Akawi, Yazid Anani, Saleh Hijazi, Rana Shakaa y Omar Yusuf.

Colaboración en paisajismo: Situ Studio, NYC

Artistas y arquitectos en residencia: Ursula Bieman, Vincezo Castella, Bianca Elzenbaumer, Marco Ferrari, Fabio Franz, Anne Gough, Zakiya Hanafi, Jake Himmel, Armin Linke, Jesse Long, Francesco Mattuzzi, Michele Marchetti, Allegra Martin, Barbara Modolo, Pietro Onofri, Armina Pilav, Giovanni Piovene, Salvatore Porcaro, Francesca Recchia, Lorenzo Romito, Roberto Sartor y Rianne Van Doeveren.

Colaboraciones académicas: International Art Academy Palestine, Goldsmiths Centre for Research Architecture.

Comité: Giorgio Agamben, Stefano Boeri, Lieven De Cauter, Teddy Cruz, Jad Isaac, Laura Kurgan, Thomas Keenen, Andrew Ross, Salim Tamari.