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······································································· In the Desert of Modernity. Marion von Osten
······································································· Kisangani. A photo novel on the failure and paradoxes of a colonial Utopia in six chapters. Pep Dardanyà
······································································· Maison Tropicale. Ângela Ferreira
······································································· Welcome to Turtle Island. Andrea Geyer
······································································· UNmap / Nube. Xavier Arenós
······································································· Südsee. Fernando Bryce
······································································· The Geopolitics of Art as a Querelle. Martí Peran
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UNmap*. Xavier Arenós

Sahara Español

En la Conferencia de Berlín (1885), a instancias de Bismarck, África se cuadriculó y se repartió en porciones entre los principales países europeos; a España, antigua potencia en decadencia, sólo le correspondieron Guinea Ecuatorial, la administración del norte de Marruecos en forma de Protectorado y 250.000 kilómetros del Sahara comprendido entre Ifni, la Saguia el Hamra y Río de Oro. Aunque España distribuyó algunas guarniciones militares a lo largo de la costa atlántica como lugar estratégico, no fue hasta 1934 cuando ocupó con algunos destacamentos militares el interior del territorio. Después de la Guerra Civil, el régimen franquista consideró el Sahara Español como lugar de interés prioritario para defender las Islas Canarias. En 1947, reorganizó administrativamente la colonia y El Aaiún se convirtió en la capital y el principal núcleo comercial. A principios de los años cincuenta, se empezó a estudiar el subsuelo con el convencimiento de que debajo de la arena existían importantes yacimientos de minerales y recursos petrolíferos.

Según la anotaciones del antropólogo Julio Caro Baroja realizadas sobre el terreno entre 1952 y 1953, de norte a sur del Sahara existían tribus sedentarias, seminómadas y nómadas. Pero antes de la llegada de los españoles al sur de la Saguia, prácticamente todos eran nómadas y la base de su sustento era el camello, del cual extraían la leche, la carne e incluso el pelo para tejer las jaimas o tiendas. Hasta mediados de los años cincuenta, la presencia de los españoles prácticamente no interfirió en la vida ni en las costumbres de los nómadas. En enero de 1958, se integró el Sahara en el territorio español como la provincia número 53 y se realizó un complejo censo que catalogó a la dispersa población en un total de 114 secciones tribales distribuidas en las principales tribus establecidas: los Erguibat, los Ulad Delim, los Ulad Tidrarin y los Arossien. También destacaban, pero con establecimientos intermitentes en la zona, los Izarguien y las menos numerosas Ait Usas, U Aggut y Ait Lahsen.

A 1960, se le considera el año simbólico en que se libera África y se constituyen la mayoría de estados independientes. Las Naciones Unidas (ONU) con la Resolución 1514 apremió a las potencias a abandonar los países colonizados y a liberar los territorios ocupados. Estos requerimientos de la ONU se sucedieron cada año, pero Franco creó todo tipo de coartadas para ganarse a la población local con la intención de demostrar a los ojos de la comunidad internacional que los saharauis deseaban pertenecer por motu proprio a la nación española. A principios de los años sesenta, ingenieros españoles descubrieron la mina de fosfatos de Bu Craa con unas reservas prácticamente ilimitadas. A la extracción de minerales se sumó la explotación de los grandes recursos pesqueros de la costa, por lo que la colonia necesitaba cada vez más mano de obra indígena. En 1963, se designaron tres saharauis como representantes en las Cortes españolas y se creó una Asamblea General del Sahara como elemento de consenso y aglutinador de la unidad española. Las tribus quedaron representadas por orden de importancia: 45 miembros de Erguibat, 12 de Ulad Delim, 9 de Izarguien, 7 de Ulad Tidrarin, 5 de Arossien y 7 de tribus menores.

En diciembre de 1965, nuevos requerimientos de las Naciones Unidas reclamaron a España una descolonización en acorde con la Resolución 1514 y en otra resolución dos años más tarde (nº 2.354), se señaló una consulta mediante referéndum para recoger la opinión de los saharauis.

Fos Bucraa, la empresa pública española que gestionaba la extracción de fosfatos alcanzó en pocos años una productividad de 2,5 millones de toneladas al año y contaba con 2.700 empleados de los cuales 954 eran nativos. La mina se convirtió en el verdadero motor económico de la zona y alteró radicalmente el milenario estilo de vida nómada. Según los últimos censos de la época, ya sólo 8.000 saharauis se declaraban pastores.

Los tres únicos núcleos urbanos existentes en el Sahara, atraían cada vez más mano de obra, y cientos de jaimas se instalaban en los arrabales a la espera de que se construyeran nuevos barrios. El Aaiún pasó en siete años, de 9.000 a 28.000 habitantes;  Villa Cisneros a 5.400 y Smara a 7.300. Sistema sanitario, escuela, zoco, electricidad, agua corriente, nevera,  tele o incluso aire acondicionado, eran elementos de confort que las ciudades ofrecían y que contrastaban con la dureza e imprevisibilidad de la vida en el desierto. Aunque las ciudades aparecían como panaceas del confort, la colonia española en absoluto integró a los saharauis en condiciones igualitarias, a pesar de que desde 1970 se les consideraba ciudadanos españoles y contaban con Documento Nacional de Identidad. Los indígenas cobraban la mitad, apenas recibían tratamiento médico y se les discriminaba escolarmente. A pesar de que la juventud era consciente de su poder adquisitivo y de la prosperidad en la que vivían en comparación con la pobreza de los países vecinos, cada vez se sentían más excluidos y marginados. Un movimiento clandestino de raíz marxista y panarabista llamado Vanguardia para la Liberación de la Saguia el Hamra y Río de Oro, encabezado por Sidi Mohamed Bassiri, recogió la frustración y el sentimiento nacionalista de los saharauis. Unos 7.000 miembros de todas las edades y condición social, se sumaron a la causa por la independencia del Sahara Occidental.

El 17 de junio de 1970, aprovechando una celebración reivindicativa española en El Aaiún, se produjo una manifestación saharaui organizada por el movimiento de liberación de Bassiri con el lema “El Sahara para los saharauis” y los convocados entregaron al gobernador franquista un memorando. La manifestación fue requerida a dispersarse, pero como los manifestantes siguieron concentrados y se enfrentaron con piedras a las fuerzas del orden público, se requirió la intervención de la Legión que abrió fuego a discreción contra la multitud. Como consecuencia de estos hechos entendidos como de insubordinación contra el Gobierno de España, aparecieron decenas de heridos, algunos muertos y se detuvieron a los principales cabecillas. Bassiri fue fusilado días después.

En mayo de 1973, El Uali Mustafa Sayed, recogió el testigo de Bassiri y creó la organización armada Frente Polisario (Frente Popular de Liberación de la Saguia el Hamra y Río de Oro), a ella se unieron saharauis procedentes del sur de Marruecos, norte de Mauritania, oeste de Argelia y del Sahara español. Apoyados por Argelia, los guerrilleros del Polisario actuaron contra los intereses españoles con innumerables actos de sabotaje o enfrentándose con las guarniciones estacionadas en el interior del desierto. Las acciones del Polisario contagiaron la ilusión independentista entre la población saharaui.

El 20 de diciembre de 1973 murió asesinado por ETA Carrero Blanco, presidente del Gobierno y uno de los más recalcitrantes defensores del africanismo colonial. Franco profundamente afectado por la muerte de su sucesor y presionado por la ONU para que descolonizara el Sahara, prometió a la Organización Internacional en agosto de 1974 que celebraría un referéndum de autodeterminación a principios de 1975. Según el censo español de 1974, había 74.902 saharauis y 20.126 españoles en la zona. Estos datos aunque eran aproximativos -debido a la dificultad de censar en su totalidad a la población nómada-, son el referente más fiable que se conoce a día de hoy, para determinar el número de habitantes existentes. El 12 de mayo de 1975, una misión de la ONU se desplazó al Sahara y constató en su informe que el pueblo saharaui deseaba la independencia. Pero Marruecos, que consideraba históricamente al Sahara como parte de su territorio, presionó a las Naciones Unidas con la ayuda de Estados Unidos y Francia -países amigos del reino alauita con importantes intereses geoestratégicos en la zona- para que el referéndum promovido por España no se llevara a cabo. La Asamblea General de las Naciones Unidas atendió la petición marroquí y paralizó el referéndum.

El 16 de octubre de 1975, el Tribunal Internacional de la Haya ratificó la Resolución 1514 de la ONU y el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación en un dictamen que especificaba que Marruecos no tenía lazos de soberanía sobre el Sahara. Unas horas después de la confirmación del Alto Tribunal, Hassan II aprovechando la extrema inoperancia del gobierno español -con Franco agonizando y con sus ministros desorientados sobre el futuro de la colonia-, convocó la Marcha Verde, una estrategia urdida bajo el asesoramiento de Estados Unidos (Kissinger) con el fin de anexionarse ilegalmente el Sahara Occidental. Una ingente marea humana procedente de todos los rincones de Marruecos fue movilizada por el régimen alauita hacia las tierras del sur, con el fin de ocupar “pacíficamente” el Sahara. Un día después de la proclamación de la Marcha Verde, el desconcierto con que se encontró el Gobierno español fue manifiesto. Descolocado por el golpe de efecto de la ocupación marroquí, el Consejo de Ministros del 17 de octubre aprobó la entrega del Sahara a Marruecos. El 26 de octubre se originó en El Aaiún una gran manifestación de saharauis contra la cesión española del territorio. El 9 de noviembre, cumplido su objetivo, Hassan II anunció el fin de la Marcha Verde. El  día 14, tras varias semanas de reuniones y de encuentros secretos, se hicieron públicos los Acuerdos de Madrid, en los que el gobierno español abandonaba el Sahara y lo repartía entre Marruecos y Mauritania a cambio de recibir sustanciosas compensaciones económicas y políticas, entre las que destacaba la explotación conjunta de los fosfatos y de la pesca. El 20 de noviembre moría Franco, sin enterarse de lo graves acontecimientos ocurridos y de la evacuación de la colonia.

Tras la ocupación marroquí, el Frente Polisario se preparó, con la ayuda y la complicidad de Argelia, para una guerra de imprevisibles consecuencias. En enero de 1976, Marruecos invadió militarmente el Sahara Occidental por el norte y Mauritania por el sur. Blindados, artillería y batallones militares ocuparon las principales ciudades. El choque entre las FAR (Fuerzas Armadas Reales) y la población civil, provocó una huída masiva de más de 20.000 saharauis hacia el interior del desierto. En su éxodo, los saharauis fueron duramente bombardeados por la aviación del reino alauita, se estima que más de dos mil personas perdieron la vida. Al amparo del todavía precario y poco organizado Ejército de Liberación Popular Saharaui y bajo la organización del Frente Polisario, los refugiados se dirigieron en viejos camiones, Land Rover, o andando, hacia la inhóspita región de Tinduf  donde se instalaron –acogidos por Argelia–  en improvisados campamentos de jaimas y tiendas de lona cedidas por ACNUR y la Cruz Roja a la espera de una pronta solución a tan dramática situación. La noche del 27 de febrero, el Frente Polisario proclamó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD); justo al día siguiente, se arrió en El Aaiún la bandera española y se retiraron los últimos militares abandonando a su suerte a los saharauis.

El Ejército de Liberación Saharaui integrado por cinco mil guerrilleros se enfrentó con gran desventaja contra un ejército de más de doscientos mil soldados con artillería pesada y aviones. A pesar de la falta de armamento y de formación militar, los saharauis, grandes conocedores del territorio y  acostumbrados a la dureza del desierto, organizaron su estrategia en una guerra de guerrillas con acciones por sorpresa y rápidos movimientos que desconcertaron al enemigo. En poco tiempo, recibieron formación militar argelina y aumentó considerablemente su capacidad y efectividad. Argelia y Libia les facilitaron armamento ligero y pesado, de tal manera que tras intensas batallas, Mauritania abandonó el conflicto en 1978 y Marruecos, presionado por el número de bajas y por el desgaste de sus tropas, se replegó viéndose obligado a construir desde norte hasta el sur un muro de contención en varias fases. A pesar de que el muro forzó a los saharauis a cambiar de estrategia en sus operaciones, éstos continuaron hostigando a los marroquíes hasta 1991, año en el que por mediación de las Naciones Unidas se llegó a un alto el fuego (6 de septiembre) con la intención de convocar un referéndum que decidiera la soberanía del territorio. El referéndum se pospuso varias veces porque Marruecos no aceptó de forma reiterada las resoluciones internacionales.

El muro

Desde agosto de 1980 hasta abril de 1987, se construyó –con cientos de excavadoras, bulldozers, brigadas de zapadores y con decenas de miles de soldados defendiéndolo– un muro en varias fases. Se trata de un sistema fortificado que defiende las ciudades ocupadas y especialmente la mina de fosfatos de Bu Craa. El muro se va ensanchando como un anillo y va abarcando todo el territorio hasta sumar más de 2.500 kilómetros de arena y piedras. La altura es de entre dos y tres metros por un metro y medio de ancho con zanjas antitanque de tres metros, cientos de baterías de artillería pesada, miles de vehículos blindados, alambre de espino, radares y otros sofisticados sistemas de vigilancia. Unos 130.000 soldados lo protegen, y se calcula que hay más de dos millones de minas anticarro y antipersona diseminadas en un kilómetro de ancho a lo largo de todo el muro.

Después del largo tiempo transcurrido desde el alto el fuego, y tras la muerte en 1999 de Hassan II, su hijo Mohamed VI continúa la misma política respecto al Sahara que su padre. El muro todavía sigue atrapando y separando a la población de ambos lados e imposibilitando el desplazamiento de los pastores nómadas. Hay familias que no se ven desde hace más de treinta años. Los saharauis que se quedaron en el territorio ocupado –aproximadamente un 20%–, a pesar de la autoritaria presencia marroquí, fueron compensados y beneficiados con altos salarios y todo tipo de prestaciones que al poco tiempo tuvieron que compartir con más de 300.000 colonos llamados desde Marruecos a repoblar el Sahara. Desde el año 2005, una nueva hornada de jóvenes activistas saharauis resisten a la ocupación manifestándose contra el régimen marroquí y evidenciando que el territorio ocupado es una enorme cárcel al aire libre; según los datos de AFAPREDESA (Asociación de Familiares de Presos y Desaparecidos Saharauis) o los recientes informes anuales (2008 y 2009) de Amnistía Internacional y de la CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado) en las principales ciudades del Sahara Occidental, existe una gran represión policial y a las voces disconformes con la Monarquía alauita se las arresta y tortura.

Statu Quo

El 29 de abril de 1991, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas decidió crear la MINURSO (Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental) con el fin de velar por la paz en la zona y poder efectuar un referéndum -previsto para febrero de 1992-, con la finalidad de resolver el conflicto entre la República Árabe Saharaui Democrática y Marruecos. El resultado de las urnas decidiría la independencia del pueblo saharaui o la anexión del Sahara Occidental al Reino de Marruecos. Votarían quienes estaban en el censo español de 1974, que en 1991, se había convertido ya en 70.000 saharauis con opción a voto. Marruecos viéndose perjudicado por el llamado Plan de arreglo de las Naciones Unidas, pidió otro censo bajo la amenaza de retirarse del proceso. Por el chantaje marroquí y la aceptación de la ONU de modificar el cuerpo censal, dimitió Johannes Manz, representante especial para el Sahara Occidental. Pérez de Cuéllar, Secretario General de la ONU, pospuso sine díe el referéndum a la espera de un nuevo censo.

El egipcio Butros Butros-Ghali, nuevo Secretario General y Erik Jensen, Presidente de la Comisión de Identificación, continuaron el nuevo censo a lo largo de los años 1992 y 1994. Tras el intento frustrado de consenso en las conversaciones directas entre ambos actores, se volvió a paralizar el proceso al constatar problemáticas no resueltas entre las dos partes. El 23 de junio de 1995, el Presidente saharaui Mohamed Abdelaziz anunció que se suspendía la participación del Frente Polisario en el proceso de identificación por el motivo de que Marruecos seguía transfiriendo población marroquí hacia el territorio saharaui para imponer su participación en la identificación (100.000 nuevos colonos). El fracaso de las Naciones Unidas para conseguir la realización del referéndum se hizo patente, la congelación del Plan de Paz favoreció enormemente a Marruecos que consolidó el statu quo en la zona.

Kofi Annan, el tercer Secretario General en el curso de los acontecimientos, consideró la problemática del Sahara como una prioridad y nombró al ex secretario de Estado norteamericano James Baker como su representante personal. Se reanudaron las conversaciones entre el Polisario y Marruecos y se estableció tras los Acuerdos de Houston (1997) la identificación de votantes, la repatriación de refugiados, la liberación de los presos políticos, el intercambio de los prisioneros de guerra, el acuartelamiento de las tropas y un código de conducta. Aspectos todos ellos que de ser llevados a cabo de buena fe, desembocarían en un referéndum justo y libre. Estos acuerdos permitieron dar continuidad a los preparativos del referéndum. Pero completar el censo se volvió más complejo de lo previsto, la identificación tropezó con el asunto de las tribus discutibles llamadas H 41, H 61 y J 51/52, que comprendían a 65.000 personas en total. El proceso volvía a quedarse estancado y Annan tras el nuevo fracaso, sugirió dos años después un “Nuevo Plan Baker” o “tercera vía”. Un acuerdo entre las partes en las que nadie perdiera, se trató de considerar a Marruecos como “potencia administradora” del Sahara y no como fuerza ocupante. Es decir, bajo la forma de una autonomía, Marruecos mantendría exclusivamente las relaciones exteriores, la seguridad nacional y la defensa exterior. Al cabo de cuatro años, se haría un referéndum donde sólo tendrían derecho a voto todos los residentes del Sahara desde el año 1999. Aunque en un primer momento el Polisario no lo aprobó, acabó aceptando esta posibilidad, pero fue el propio Kofi Annan, quien acabó rechazando su propio Plan porque seguiría habiendo un ganador y un perdedor. En abril del 2004 Marruecos, en un cambio de estrategia, decidió tajantemente no aceptar ningún referéndum que planteara una posible independencia del Sahara.

Ban Ki-moon, el cuarto secretario general de las Naciones Unidas que intenta mediar en este conflicto, confirmó a Van Walsum como su enviado especial. El diplomático holandés centró su estrategia en acercar las partes con diversas rondas de negociación. En las diferentes reuniones (2007 y 2008 en Manhasset, Nueva York, y 2009 en Viena) Marruecos propuso un “Estatuto de Autonomía de la Región del Sahara” para lo que llama “las provincias del sur”, semejante en la forma a la propuesta de Baker, pero en el fondo, totalmente adaptado a sus intereses soberanistas. Aún así, Van Walsum remarcó y consideró “los serios esfuerzos de Marruecos por hacer avanzar el proceso hacia una solución”, y expresó claramente que la opción de alcanzar la independencia mediante un referéndum, era una falsa esperanza para el pueblo saharaui e instaba a la República Árabe Saharaui Democrática, a negociar tomando “en consideración la realidad política” del control que ejerce Rabat sobre el territorio. El Frente Polisario se negó a aceptar la propuesta autonómica marroquí y acusó a Van Walsum de imparcialidad obligándole a dimitir.

Van Walsun es el único alto representante de la ONU que se ha atrevido a sostener que la legalidad internacional está del lado del Polisario, pero que el Consejo de Seguridad no va a utilizar sus poderes para imponérselos a Marruecos. De ahí la imposibilidad de que el Sahara sea algún día independiente (El País, 8 y 28/08/2008).

El gobierno de J. L. Rodríguez Zapatero con su Ministro de Exteriores Moratinos, tras las últimas rondas de negociación, se ha posicionado claramente junto con Francia, a favor de las tesis autonomistas marroquíes. España como antigua Potencia administradora del Sahara no puede abandonar unilateralmente sus responsabilidades, pero el limbo jurídico con el que se encuentra Marruecos, beneficia a los países amigos. Los barcos españoles siguen cargando fosfatos procedentes de Bu Craa, importantes empresas conserveras españolas están instaladas en Dajla (antigua Villa Cisneros) y cientos de pesqueros procedentes de España y de la Unión Europea faenan impunemente en las aguas saharianas.

Ban Ki-moon ha nombrado recientemente al estadounidense Christopher Ross como nuevo y esperemos último mediador en el conflicto del Sahara Occidental. Ahora más que nunca la ONU debe asumir su responsabilidad y aplicar el derecho internacional por el bien de la supervivencia del pueblo saharaui y el de la propia Organización Internacional, que no se puede permitir una vez más ser cuestionada en el litigio más viejo de África.

Campos de refugiados saharauis

En enero de 1977, según datos de ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) se calculaba la existencia de 50.000 refugiados en Tinduf. La guerra continuó desplazando hacia las inmediaciones de la población argelina a saharauis de todas las regiones y en poco tiempo se llegó a 120.000 refugiados. ACNUR, Cruz Roja, el PAM (Programa Mundial de Alimentos) y la ECO (Oficina de Cooperación de la Comunidad Europea) repartían las necesidades básicas humanitarias: alimentos, medicinas y refugio; también se tuvo que construir un hospital con quirófano para atender las sangrías de la guerra y con el tiempo varias infraestructuras mínimas para resistir hasta que finalizara el conflicto.

En los Congresos III y IV del Frente Polisario -agosto de 1976 y septiembre de 1978, respectivamente-, se remarcó el justo reparto de las riquezas, la eliminación de las desigualdades, se declaró que su lucha era la guerra de liberación contra las fuerzas ocupantes, contra el imperialismo, el colonialismo y la explotación. La Constitución de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) especifica la realización del socialismo a través de la emancipación de la mujer y su participación plena en la nueva sociedad, de la asistencia social de los más desfavorecidos, la enseñanza obligatoria y gratuita, la sanidad y el derecho y el deber del trabajo.

Las mujeres auspiciadas bajo las consignas revolucionarias del Polisario, alcanzaron cotas de libertad inimaginables en ningún otro país árabe. Con los maridos en el frente, organizaron en la retaguardia de los campamentos una importante labor social, llevando a la práctica un comunismo cercano al primitivo basado en el apoyo mutuo y el bien común. Se creó una meritoria sociedad igualitaria de la nada que sobrevivía del reparto equitativo de la ayuda internacional donde el dinero en los quince primeros años prácticamente no existió. En este laboratorio social no todo era idílico, también se ejercieron abusos de poder e injusticias por parte de los dirigentes del Polisario encargados de la seguridad. En plena guerra, en su recelo por controlar la situación política, se desarrollaron conductas paranoicas contra saharauis procedentes de las ciudades ocupadas que se instalaron en los campamentos y se adhirieron a la causa. Se les acusó de espías, se les encarceló y se les sometió a todo tipo de torturas.

Tras el frustrado referéndum de febrero 1992, donde los saharauis tenían depositadas todas sus esperanzas en alcanzar la independencia, tuvieron que continuar con resignación su labor de fortalecer los lazos entre los habitantes de los campamentos. Mejoraron la distribución de la ayuda humanitaria, crearon nuevas infraestructuras (casas de adobe, escuelas, hospitales, talleres, granjas y algunos huertos) y vertebraron mejores políticas organizativas y asociativas.

En la actualidad, los campamentos cuentan con una población que supera los 200.000 habitantes y se distribuyen en cuatro wilayas que toman el nombre de las principales ciudades abandonadas: Aaiún, Ausserd, Smara y Dajla. Además se han creado otros asentamientos como 27 de Febrero, 9 de Junio, 12 de Octubre o Rabuni que cumplen funciones de formación, de producción o administrativas. En cada wilaya viven aproximadamente 50.000 habitantes que se dividen en 6 dairas o municipios de entre 7.000 y 9.000 habitantes. Cada daira la administra un alcalde, un juez, un médico, un jefe de suministros y cinco mujeres responsables de servicios básicos (sanidad, educación, alimentación, justicia e industria); también dispone de escuela, dispensario médico, almacén y una especie de ayuntamiento. Las dairas se subdividen a su vez en cuatro barrios y cada barrio tiene 15 ó 20 filas y cada fila 10 viviendas (jaima y casa de adobe). La disposición de las viviendas se basa en los antiguos “frics” o campamentos de nómadas, compuestos por núcleos familiares más o menos extensos que formaban hileras en línea recta de entre 6 y 12 jaimas y con un máximo 4 ó 5 habitantes por jaima.

La vida en los campamentos continúa dependiendo en su totalidad de la ayuda internacional, pero con el tiempo, se ha creado una economía de supervivencia informal que proviene básicamente del contrabando, de las remesas de los saharauis que viven en el exterior, de los donativos procedentes de las familias españolas y de la compraventa de ganado.

En un conflicto que sobrepasa los 34 años de resistencia a la espera de un solución internacional, el Frente Polisario han celebrado hasta la fecha doce congresos para decidir las estrategias de futuro del pueblo saharaui en el exilio. Los primeros congresos se celebraban cada dos años y tenían una estructura marcadamente cerrada y militar, en la actualidad se celebran cada cuatro años y son totalmente participativos. El último se convocó en Tifari (capital simbólica del Sahara liberado) en el año 2007, y contó con la presencia de 1.750 delegados, 250 invitados y decenas de periodistas extranjeros. Los delegados son elegidos en los Congresos Populares de Base, estos a su vez asignan a sus representantes para el Congreso Popular General que nomina al Comité Ejecutivo del Frente Polisario donde se decide el Gobierno y el presidente de la RASD.

*        El título hace referencia al doble sentido de la palabra Unmap en inglés que juega con las siglas de Naciones Unidas (ONU en castellano y catalán) y el término “no mapa”.

BIBLIOGRAFÍA:

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